lunes, 11 de mayo de 2009
ECONOMIA parte 3

La segunda raíz de la pobreza son algunas actitudes que impiden el progreso, que están en boga general. Estas actitudes son de naturaleza personal, pero suelen generalizarse a tal punto que se convierten en características de grupo de naciones. Algunas actitudes son propias del Tercer Mundo y frenan su crecimiento inicial, tal como la indolencia, la indiferencia, y la resistencia al cambio. Otras se adoptan más adelante, después de que el Tercer Mundo comienza a imitar las costumbres del primer mundo, tal como la fuerte dependencia sobre sindicatos o gobiernos. Estas segundas actitudes también están presentes en todos los países mas avanzados, donde logran retrasar el crecimiento, pero son devastadoras cuando afectan a las economías emergentes de los países pobres.

Las siguientes son algunas de estas actitudes:

Tengo derecho a vivir sin molestias de mis actividades agrícolas tradicionales, como lo hicieron mis antepasados.

Conforme la sociedad trasciende los restos del feudalismo, yo demando el derecho a mi propia tierra, aún si debe quitársele a alguien más, para crecer en ella mi maíz o fríjol o arroz.

Indistintamente de cuánto produzco, tengo derecho a tener un ingreso suficiente para poder disfrutar de todas las comodidades de la vida moderna, aún si para ello es necesario que se me apoye con precios fijos o subsidios que mejoran mi nivel de vida.

Yo me conformaré con sentarme en una esquina a vender chicle a los peatones. Si soy estudiante, estudiaré lo menos posible. Si soy empresario, venderé lo que hoy me genere más utilidades, sin importar los beneficios a largo plazo para mí o quienes me rodean.

Trabajaré si no tengo alternativa, pero siempre haré lo menos posible, levantándome lo más tarde posible, haciendo únicamente lo que se me obliga a hacer o lo que debo hacer hoy y no puedo posponer, inyectándole a la tarea el mínimo esfuerzo y ninguna iniciativa personal, tomando ventaja de cuánto atajo pueda, y dándome por vencido en cuánto pueda. Siempre promoveré un horario de trabajo más corto, fines de semana más largos, más vacaciones y feriados, y un retiro pagado más pronto.

Yo no me considero responsable de mi destino. Mi empleador me debe no sólo mi trabajo y mi salario, sino también tiene muchas otras obligaciones para conmigo, tales como mejores condiciones de trabajo, planes médicos, y el establecimiento de adecuados mecanismos para canalizar mis quejas. El empleador es un adversario de los empleados, y debe ser controlado y censurado cuando no provee aún mayores beneficios y utilidades. Yo tengo el derecho de participar en paros laborales pagados siempre que esté insatisfecho con su desempeño. Adicionalmente, lo considero un egoísta capitalista, interesado exclusivamente en acumular una fortuna personal y lista para aprovecharse de mí en cualquier momento.

Yo delegué en mi sindicato el derecho de velar por mis intereses. Considero que los sindicatos han sido las principales entidades promotoras del bienestar de los trabajadores, que mantienen vivo el espíritu de enfrentamiento con el empleador. El sindicato debe tener poder absoluto para negociar y obligar al empleador a hacer mejoras continuas en mi condición de vida, usando cualquier medio, aún si es ilegal, para obtener estos fines. En el Tercer Mundo, los sindicatos tienen la función básica de obtener para sus afiliados los mismos beneficios de los cuales gozan los trabajadores sindicalizados del Primer Mundo. Mi lealtad total es hacia mi sindicato y cooperaré con él, rechazando cualquier intento por hacerme trabajar más, por más tiempo, o más allá de lo expresamente estipulado en el contrato sindical.

Yo estoy convencido de que el gobierno no es sólo responsable de proteger a mi sindicato y amonestar a mi empleador, sino también debe asegurarse de que mi salario sea continuamente aumentado. Yo espero múltiples beneficios del gobierno, el financiamiento y la provisión de todas las necesidades de salud, incluyendo beneficios por maternidad para las mujeres; el cuidado durante el día así como la educación de mis hijos; un apoyo en los períodos en que me encuentro desempleado, enfermo o incapacitado para trabajar, y en mi vejez. El gobierno también debe asegurarse de que los precios, las tarifas de camioneta, y las rentas que yo pago sean tan bajos como es posible, y que la calidad de todo lo que compro sea excelente. El gobierno adquirirá todos los fondos necesarios para proveer estos servicios, cobrando impuestos a todos aquellos más ricos que yo, emitiendo deuda, o, cuando sea conveniente, imprimiendo más dinero.

Estas actitudes, tan comunes en tiempos modernos, se reflejan en muchas falacias económicas, que forman la base de los programas políticos de hoy. Algunas de estas falacias son:

a. Seremos más ricos y prósperos en la medida en que gastemos más dinero y ahorremos menos. Un corolario de esta creencia sería: El ahorro produce el estancamiento. Esta actitud conduce directamente al desperdicio en el consumo, conocido como consumismo, y al agotamiento del capital escaso, que debe asignarse a la producción de muchas amenidades no esenciales.

b. Seremos más ricos en la medida en que creemos más empleos y paguemos mejores salarios, indistintamente de la productividad. Su corolario: Es contraproducente recortar gastos laborales. Este error conduce al alto costo asociado con la burocracia y la ineficiencia. Primer lema de Fox.

c. El desempleo es un mal mayor que la inflación. Su corolario: que se imprima todo el dinero necesario para crear empleos para todos, sin importar que se trabaje poco.

d. Es preferible la inflación a elevar impuestos o disminuir los servicios provistos por el gobierno.

e. La deuda no es importante. Es mejor endeudarse que sacrificar el bienestar presente. Nuestros nietos podrán ignorarla, y la inflación lo hace parecer irrelevante.

f. Los precios deben mantenerse bajos, a pesar de que se aumentaron los salarios ‘y la oferta monetaria. Siempre hay que responsabilizar a los productores por el alto costo de la vida y castigarlos con todo tipo de pena. Nunca se debe considerar culpar al banco Central del alza en precios.

g. El gobierno es un leal servidor público, y su intervención en todos los programas sociales es tanto beneficiosa como inevitable.

El estancamiento, que resulta de las estructuras y actitudes descritas anteriormente, se ve reflejado en dos fenómenos que causan y perpetúan la pobreza: el desempleo y la escasez de capital.

El desempleo o subempleo, es decir, el uso incompleto o ineficiente de los recursos humanos, es un importante saldo de las actitudes y estructuras que hemos descrito.

El desempleo es causado principalmente por salarios altos y no bajos, surge cuando los salarios no son gobernados por la productividad, sino por las presiones de sindicatos o por decisión gubernamental. Casi nadie reconoce el hecho de que, cuando la productividad de los trabajadores es insuficiente como para proveer un “salario visible” o un “salario familiar”, esa compañía o industria particular genera pérdidas y va camino a la bancarrota. Por ello, todo remedio posible debe aplicársele para transformarla en generadora de utilidades.

Los sindicatos crean desempleo cuando obligan a que suban los salarios en forma antieconómica, o cuando demandan beneficios laborales de alto costo. A fin de cuentas, estas medidas promueven la reducción de la fuerza laboral en relación a su disponibilidad bajo otras condiciones, la mecanización prematura de industrias, para ahorrar en relación a altos costos laborales, y precios más altos para los bienes enviados al mercado. También contribuyen a crear estos efectos negativos las prácticas que aminoran el ritmo de trabajo o lo paran del todo.

Los gobiernos generan desempleo cuando imponen más regulaciones laborales o normas de empleo de las que puede absorber la economía. La legislación de un salario mínimo es una de las principales causas del desempleo, junto con altos salarios impuestos por los sindicatos. Las tarifas proteccionistas obstaculizan el eficiente control de costos y aportan precios más altos para el público en general; esto significa que se produce y vende menos; y consecuentemente, hay menos empleo.

Cuando los salarios son lo suficientemente bajos, de tal forma que todos pueden encontrar trabajo, no hay desempleo. Surge entonces una mayor abundancia de productos en los mercados domésticos e internacionales, y los precios se mantienen bajos, así que todos pueden adquirir los bienes producidos. Son los salarios bajos los que conducen a condiciones de vida más humanas, que benefician a las familias menos afortunadas y les permite mejorar su suerte.

Son los salarios bajos los que permiten al Tercer Mundo hacer productiva su casi infinita oferta de recurso humano, para compensar por su falta de capital, para llenar al Primer Mundo con sus productos y así crear abundancia para sus ciudadanos.

Pero no debe separarse el costo de la vida del ingreso promedio, lo cual daría por resultado un mayor empobrecimiento y descontento por la explotación en la mano de obra.

El segundo resultado del problema estructural y de actitudes es la escasez de capital en el Tercer Mundo.

El capital es escaso porque se desperdicia, o porque se restringe su creación o importación.

El capital es esencial para hacer más productiva a la fuerza laboral, y para financiar y suministrar muchos proyectos generadores de riqueza.

Tanto la iniciativa privada como el gobierno desperdician el capital:

1. Al asignar recursos a unos no productivos. Por ejemplo, se dedica un porcentaje significativo del ingreso nacional a programas públicos de salud, que en la mayoría de los casos son incapaces de proveer los servicios que motivaron su creación. Los gobiernos masivos gastan cantidades enormes de capital que de otra forma estaría disponible para usos productivos.

2. Al atrapar capital en proyectos que no satisfacen las necesidades básicas de la población: Ejemplos de estos son:

a. La inversión en obligaciones de los gobiernos o bancos centrales (bonos o pagares), que sólo sirve para cubrir déficit pasados y no para crear nuevos bienes y servicios. Pareciera que el canal principal de inversión en muchos países es la deuda pública, en lugar de proyectos creadores de riquezas.

b. La nacionalización de industrias, que generalmente se caracteriza por un alto costo burocrático, servicio deficiente, y pérdida de capital.

c. La construcción excesiva de centros comerciales exclusivos, edificios de oficinas superfluos, y viviendas elegantes. En lugar de la inversión en productos de exportación que generan ingresos.

d. La inversión privada en productos que incitan a las personas al consumismo exagerado, en lugar de la inversión en productos que satisfacen sus más grandes y urgentes necesidades: vivienda popular, centros de salud, educación.

e. Algunas regulaciones y prohibiciones ambientales que resultan en altos costos y ningún beneficio demostrado o tangible.

3. Al expropiar, por la fuerza, empresas agrícolas rentables y luego redistribuir la tierra, lo cual ha destruido al sector agrícola de muchos países.

La permisividad y  protección gubernamental a la salida de capitales nacionales a otro tipo de monedas como base cultural de operación.

La importación o creación de capital es obstaculizada no sólo por la incertidumbre política y económica, sino también por medio de determinadas políticas empresariales y gubernamentales, tales como:

1. Prohibiciones, privilegios exclusivos, y la regulación excesiva, que defienden a los monopolios existentes y evitan la emergencia de nuevos proyectos competitivos, aún cuando existan promotores aventureros en el país o en el extranjero, lisos y deseosos de crearlos.

2. Una alta carga tributaria marginal, sobre el ingreso y las exportaciones, lo cual arrasa con el capital de inversión probable y lo desperdicia en dudosas alternativas.

3. Limitaciones discriminatorias sobre la inversión extranjera.

4. Préstamos y donaciones de fuentes internacionales, que frecuentemente substituyen a la autogestión, responsabilidad e iniciativa de los ciudadanos. Y de origen en capitales fugados que se alojaron en países desarrollados.

El capital nunca debería ser escaso, ya que cuando no es restringido fluye naturalmente hacia aquellas áreas y proyectos más necesitados. Es debido a las políticas anteriores que lo más avanzado en tecnología, productos y procesos no fluye hacia el Tercer Mundo, sino que permanece en el ya opulento Primer Mundo. Así, nuestros recursos humanos hambrientos de capital siguen siendo poco productivos y pobres.

El Tercer Mundo nunca tendrá la oportunidad de progresar y participar de la habilidad para crear riqueza, de la cual goza el Primer mundo, si:

1. Continúa atribuyendo la pobreza a causas falsas y escoge ignorar a las dos causas fundamentales del retraso económico

2. Perpetúa y protege a las estructuras fracasadas del pre-modernismo. Mercantilismo, intervencionismo y neoliberalismo, y no las substituye con un sistema de libre mercado competitivo, caracterizado por la producción masiva de bajo costo y la sana participación en mercados internacionales, con aquel sistema que permite que las personas libres, no doblegadas por controles opresivos, creen a través de su trabajo ese milagro económico que tanto añoramos.

3. Rechaza las actitudes clásicas del trabajo arduo, el ahorro, la cooperación, y la iniciativa propia, y en su lugar hace responsables por el progreso al gobierno, a los sindicatos y a organismos internacionales y sus dádivas.

Si se ignoran estos indispensables cambios, el Tercer Mundo seguirá siendo plagado por el desperdicio de sus recursos humanos y de capital, lo cual imposibilita el progreso y la abundancia.

Habrá que puntualizar el descuido de la educación como su principal argumento, la activación del mercado interno cuando se tiene olvidado o nulificado de manera tal que el aparente mal se convierta en un bien, aparte de saber darle un balance con el mercado externo, pero no solo eso, es muy importante la implantación del sentimiento de nacionalidad y la educación que lo permita, de hecho la raíz del problema esta radicado en actitudes muchas basadas y en la cultura y las tradiciones mal fundamentadas. De momento la solución de salarios bajos no tiene remedio, pero debe ir acompañada de una generación de empleos y de aumentos en la producción que satisfagan la demanda sin aumento en los precios por tener un efecto agregado.

Algo que esta a punto de afectarnos por su influencia en al economía del mundo es China y su cambio económico. Un experto propone que el crecimiento del gigante asiático es preocupante, pero no por las razones obvias

Se ha puesto de moda hablar de la “amenaza china” a las economías de América Latina. La preocupación actual se debe a que China está desplazando a las maquilas de México y Centroamérica de los mercados de exportación de confecciones, especialmente hacia Estados Unidos. También hay quienes culpan al crecimiento del país asiático por la fuerte reducción que han tenido los flujos de inversión extranjera directa hacia América Latina.

Pero estos no son los únicos o incluso los más serios desafíos que China representa para la región.

Primero, vale repasar los hechos. Debido a su crecimiento promedio del 9,4 por ciento anual desde 1979, China está cambiando el mapa económico mundial. Ya es la sexta economía más grande del mundo y, a ese ritmo, superará a Estados Unidos en tres o cuatro décadas. Su importancia en el comercio internacional es aún mayor. China está más integrada al comercio mundial que otros países grandes, como India, Brasil o el mismo Estados Unidos. Mientras que en estos países las exportaciones e importaciones no representan más del 25 por ciento del PIB, en China alcanzan el 50 por ciento. De hecho, Brasil, Argentina y Chile se están beneficiando de la creciente demanda china de productos agrícolas y materias primas industriales. Y a pesar de que todavía es una economía controlada fuertemente por el Estado, China es un ágil asimilador de las tecnologías producidas por otros y es, desde 2002, el mayor receptor de inversión extranjera directa del mundo, desplazando a Estados Unidos de esa posición.

En muchos aspectos China se asemeja a los países en desarrollo. Con un ingreso per cápita por debajo de mil dólares anuales (a precios corrientes) es más pobre que la mayoría de los países latinoamericanos, y su nivel de desigualdad en la distribución de los ingresos no es muy diferente de éstos.

Pero en otras dimensiones básicas, China parece más bien una economía desarrollada o, mejor, industrializada. En efecto, el sector manufacturero representa más de la tercera parte de la economía, cuando lo típico en un país en desarrollo es 20 o 25 por ciento. Las tasas de inversión y ahorro están más cerca del 40 por ciento del PIB que del 15 o 20 por ciento que caracterizan a las economías latinoamericanas. Gran parte de esos ahorros se canalizan por medio de un sistema financiero gigantesco, que genera créditos equivalentes al 120 por ciento del PIB, cinco o seis veces más de lo que es común en América Latina.

El verdadero motor del crecimiento chino está en la continua reestructuración de la economía. Los sectores dinámicos son las industrias con inversión extranjera y las empresas de propiedad individual. La mano de obra desplazada de la agricultura y de las empresas estatales es asimilada en estos sectores donde la productividad laboral es varias veces mayor. Este proceso está lejos de agotarse. Se calcula que hay 160 millones de trabajadores excedentes en los sectores ineficientes y que en el próximo cuarto de siglo la población rural puede reducirse en 300 millones de personas. Al ritmo actual de crecimiento, China tendrá dentro de 25 años un ingreso per cápita la mitad del de Estados Unidos (en precios comparables internacionalmente).

El rápido crecimiento de China podría verse como el resultado natural de estas altas tasas de ahorro, inversión y financiamiento. Sin embargo, lo correcto es lo contrario: el rápido crecimiento permite destinar cada año cerca del 20 por ciento del PIB a inversiones en empresas estatales que, en su mayoría, son ineficientes y serían inviables en una economía de mercado. Para poder invertir, las empresas del estado absorben el grueso del crédito disponible, que los bancos les conceden sin consideraciones suficientes de riesgo, pero que les pueden otorgar gracias a que el rápido crecimiento de la economía monetaria genera una expansión de los depósitos bancarios del 15 por ciento por año.

Esta distorsión financiera es el talón de Aquiles de la economía china. Por lo dicho los mayores riesgos de China para la economía mundial, y en especial para América Latina, son de tipo financiero, más que comercial. El verdadero peso económico de China podría sentirse el día que se derrumbe su castillo de naipes crediticio, lo que además de acabar con su crecimiento, podría originar una fuerte depreciación del renminbi, o una liquidación masiva de bonos del Tesoro de Estados Unidos y otros papeles en que están invertidas sus cuantiosas reservas internacionales, o ambas cosas. Ello se traduciría en un aumento generalizado en la percepción del riesgo de invertir no sólo en China, sino en todas las economías que compiten con ella. Todo esto sería caótico para el comercio mundial de bienes, capital y tecnología. Ojalá ese día no llegue nunca. Por Eduardo Lora

Tras crecer un impresionante 9,1% en 2003, la economía china ha registrado un crecimiento interanual del 9,7% en el primer trimestre de 2004. Además, la inversión en activos fijos, que aumentó el 27% en 2003, creció un explosivo 43% en el primer trimestre de 2004. Tales datos han acentuado la preocupación sobre el ya más que probable sobrecalentamiento económico de China, al que podría suceder un rápido enfriamiento. Si el “aterrizaje” es abrupto, la desaceleración del crecimiento podría tener efectos negativos importantes en otras economías asiáticas y, por extensión, en la economía mundial.

Este análisis enumera las causas y las consecuencias de la “burbuja” inversora que está registrando la economía china y sugiere que las medidas de enfriamiento adoptadas hasta la fecha por las autoridades pueden resultar insuficientes para controlar el aumento explosivo de los préstamos bancarios y de la inversión. En tal caso, podrían tomarse medidas más radicales, que desembocarían en una apreciable desaceleración del crecimiento. En el peor de los casos, la “burbuja” podría incluso estallar. Si se registra en efecto durante 2004 un sustancial enfriamiento de China, los efectos negativos sobre otras economías asiáticas (y singularmente sobre Japón, que podría ver quebrada su incipiente recuperación) serían importantes. Además, como el auge de China ha supuesto la cuarta parte del crecimiento económico mundial en los últimos años, las consecuencias sobre el resto de la economía mundial podrían ser igualmente significativas. Y mas aun, en las condiciones actuales las podríamos concebir como de de soporte.

Análisis: La muy elevada tasa de crecimiento interanual del PIB en el primer trimestre de 2004 (9,7%), tras el 9,9% registrado en el cuarto trimestre de 2003 y el 9,1% del conjunto del ejercicio pasado, parece indicar que los esfuerzos desplegados por las autoridades desde mediados de 2003 para enfriar la economía no están surtiendo los efectos esperados. La razón principal es que China está inmersa en una seria “burbuja” inversora, que ha hecho que el crecimiento del PIB haya superado el 9% en los últimos tres trimestres. Parecen necesarias, por tanto, medidas más radicales. Además, la “burbuja” podría estallar. Ambos escenarios podrían conducir a un “aterrizaje” abrupto, lo que tendría importantes implicaciones internacionales.

Pueden señalarse tres causas principales del fuerte aumento de la inversión, que ha llevado a la tasa de inversión a niveles extraordinariamente elevados, cercanos probablemente ya al 45% del PIB.

En primer lugar, hay que destacar la “burbuja” inmobiliaria en las zonas costeras y muy especialmente en Shanghai y Pekín. Iniciada al principio por inversores de Hong Kong y Taiwan, se ha visto impulsada por intereses especulativos locales. En 2003 las ventas de propiedad inmobiliaria supusieron nada menos que el 25% del PIB en Pekín y el 20% del PIB en Shanghai. Tal burbuja no sólo ha resultado auto sostenida sino que ha provocado un aumento de los precios locales y globales de las materias primas empleadas en el sector de la construcción y un auge de la inversión en las actividades relacionadas con tales materias primas. En 2003 China fue responsable del 40% del consumo mundial de cemento, del 31% del de carbón, del 30% del de hierro, del 27% del de acero, del 25% del de aluminio y del 7% del de petróleo.

En segundo término, también ha contribuido el fuerte aumento de la inversión destinada a financiar unas exportaciones cebadas por una moneda, el yuan, que tiene, como es sabido, un tipo de cambio fijo respecto de un dólar en declive. En 2003 las exportaciones chinas crecieron un impresionante 35%, hasta 438.400 millones de dólares, y llevaron la cuota del país en las exportaciones mundiales al 5,9%.

En tercer lugar, el aumento de la entrada de capital extranjero, atraído por el diferencial de tipos de interés con Estados Unidos y por las expectativas de apreciación del yuan, ha obligado a las autoridades chinas a vender masivamente yuanes, con objeto de contener las presiones alcistas sobre la moneda. Tal cosa es necesaria porque China mantiene un tipo de cambio fijo con el dólar. El aumento consiguiente de las reservas en divisas, que alcanzaron 440.000 millones de dólares en marzo, se ha manifestado, al no haberse esterilizado por completo con emisión de deuda pública, en un aumento de la base monetaria y en el consiguiente incremento de liquidez y de préstamos bancarios.

Así las cosas, la inversión llegó a suponer el 43% del PIB en 2003, según las estimaciones de Stephen Roach, economista principal de Morgan Stanley. Tal magnitud es claramente insostenible, entre otras razones porque, de ser cierta, sería mucho mayor que la registrada en 1994 (36%), año a partir del cual la economía china entró en una fase de rápida desaceleración. Entre 1994 y 1996 la tasa de crecimiento del PIB se redujo en tres puntos, del 12,6% al 9,6%. El aumento de la tasa de inversión hasta el nivel que prevalece en la actualidad puede ser indicativo de una cada vez menor eficiencia de la formación de capital. Conviene recordar que el aumento desmesurado de la tasa de inversión fue una de las causas de las crisis financieras sufridas en 1997-98 por otros países asiáticos, como Tailandia, Indonesia y Corea del Sur. Además, la alta inversión puede conducir a excesos generalizados de capacidad, provocando una caída de precios y la quiebra de las empresas incapaces de mantenerse competitivas. Tal cosa tendría efectos devastadores sobre el sistema bancario.

A diferencia de 1994, el sobrecalentamiento no se está manifestando, al menos por el momento, en un fuerte aumento de la inflación (el índice de precios al consumo creció el 1,2% en 2003 y el 2,8% en el primer trimestre del año en curso, frente al 24% registrado en 1994). Aunque el índice de precios al consumo muestra una tendencia al alza, impulsado por la escasez de materias primas y por el crecimiento de la inversión, la fuerte competencia entre los fabricantes de manufacturas hace que no presente, hasta ahora, una tendencia general preocupante, aunque no cabe descartar que se acelere notablemente en los próximos meses.

Por el contrario, las manifestaciones principales del sobrecalentamiento actual han sido un aumento explosivo de los préstamos bancarios a sectores ineficientes, que hace temer un próximo incremento de la proporción de préstamos fallidos o de dudoso cobro, y un empeoramiento de la balanza comercial y por cuenta corriente.

El sector bancario está transformando el aumento de liquidez derivado de la fuerte entrada de capital extranjero en un boom de crédito. Los préstamos bancarios han aumentado el 21% en el primer trimestre de 2004, tras crecer el 20% en el último trimestre de 2003. Se estima que la proporción actual de préstamos de dudoso cobro podría ascender al 40% o 50% de los préstamos totales del sistema bancario, porcentaje que podría aumentar si crecen las quiebras empresariales o se produce un descenso de precios en el sector inmobiliario. Un empeoramiento repentino de la ya mala salud de los bancos tendría graves implicaciones, como el recorte brusco de los préstamos, el aumento de las quiebras empresariales y la necesidad de rescate gubernamental de los bancos, lo que a su vez tendría serias repercusiones presupuestarias.

Las exportaciones crecieron en el primer trimestre el 34%, casi la misma tasa que la registrada en 2003 (35%), pero las importaciones aumentaron el 42%, llevando a la aparición de un apreciable déficit comercial (de 8.200 millones de dólares). La balanza comercial había presentado superávit en 2003 (25.500 millones de dólares) y también en el cuarto trimestre del año (16.300 millones). El cambio de signo del saldo comercial es una razón adicional para frenar la inversión.

Hasta la fecha, las autoridades chinas, conscientes de que “el nivel de la inversión en activos fijos es demasiado alto y de que su crecimiento es demasiado rápido”, en palabras de Zheng Jingping, portavoz de la Oficina Nacional de Estadísticas, han tomado cuatro tipos de medidas:

(1) Control directo de los préstamos bancarios a sectores con exceso de capacidad: acero, cemento, fabricación de automóviles, construcción y aluminio.

(2) Aumento del coeficiente de reserva de los bancos comerciales (esto es, de los depósitos que deben mantener en el banco central), que se ha producido en tres ocasiones en los últimos ocho meses.

(3) Incremento, en marzo, del tipo de redescuento del banco central, es decir, del tipo de interés que aplica la autoridad monetaria en el mercado interbancario.

(4) Reducción de las emisiones de bonos especiales para financiar obras públicas.

Muchos analistas consideran que tales medidas son insuficientes para frenar apreciablemente el aumento de los créditos bancarios y prevén un incremento de los tipos de interés aplicados por los bancos. Sin embargo, salvo que fuera muy importante, el eventual incremento de los tipos de interés podría ser inútil ante tal exceso de inversión. Además, supondría una entrada todavía mayor de capital extranjero, lo que realimentaría el aumento de liquidez.

Algunos especialistas reclaman un reajuste al alza de la paridad del yuan, lo que permitiría frenar el crecimiento de las exportaciones y del PIB y haría posible que el banco central pudiese controlar la política monetaria, al no tener ya que inyectar necesaria y masivamente yuanes en la economía para evitar la apreciación de la moneda. Como es sabido, ésa es además una demanda hecha desde hace tiempo por Estados Unidos, cada vez más preocupado por el alto déficit bilateral que presentan sus intercambios con China. No obstante, tal medida es poco probable, porque afectaría muy negativamente al sector exportador y al sistema bancario. Además, el empeoramiento reciente de la balanza comercial es otro factor contrario a esa medida.

En tales condiciones, lo que parece probable es que las autoridades empiecen por aplicar de manera más estricta los controles de capital existentes (que son soslayados en buena medida), para frenar en la medida de lo posible las entradas de fondos extranjeros. Sólo una vez que ese freno haya tenido resultados, podrían aumentar, de manera importante, los tipos de interés. Si la política monetaria se hace mucho más restrictiva, podría frenar apreciablemente el crecimiento.

Lo que sí cabe esperar en meses próximos es que el banco central vuelva a aumentar los coeficientes de reserva de los bancos comerciales y que incremente los controles directos a la inversión a sectores con exceso de capacidad. Es muy posible igualmente que el gobierno central intente frenar la fiebre inversora de los gobiernos locales: durante enero y febrero de 2004 la inversión del gobierno central aumentó el 12% pero la de los gobiernos locales creció el 65%.

Además, hay que tener en cuenta que la exportación, otro de los motores del crecimiento chino de 2003, además de la inversión, puede crecer sustancialmente menos este año. Las razones son diversas: menores exenciones del IVA aplicado a los exportadores desde el 1 de enero de 2004, menor crecimiento de Japón, posible desaceleración de la economía estadounidense desde el segundo semestre y menor apreciación del euro, entre otras.

Por añadidura, no cabe descartar una eventual explosión repentina de la “burbuja” inversora. El economista para Asia de Morgan Stanley, Andy Xie, pone sobre la mesa tres posibles desencadenantes de esa explosión de la “burbuja”: (1) una fuerte caída de las entradas de capital extranjero, una vez que los inversores tomen conciencia del deterioro del saldo corriente y de la improbabilidad, en ese contexto, de una apreciación del yuan; (2) una escasez generalizada de energía eléctrica (que ya se está produciendo en algunas provincias); y (3) una caída pronunciada y repentina de los precios del suelo, provocada por la menor demanda de los especuladores.

Por tanto, aunque las autoridades chinas parecen confiar en que la adopción de medidas graduales (aumento de los coeficientes de reserva, control directo de los préstamos a algunos sectores) acabará rindiendo frutos, es muy posible que tengan que recurrir, a la postre, a medidas más radicales, como un aumento de los tipos de interés. Si esa política monetaria más restrictiva se suma al previsible peor comportamiento del sector exportador, el resultado puede ser un notable enfriamiento de la economía. De hecho, el gobierno chino considera que el ritmo de crecimiento de 2003 es insostenible y prevé una tasa del 7% en 2004. se piensa que tenga durante 2009 el 8%.

La creciente importancia de la economía china en la economía mundial hace que el comportamiento de la primera tenga ya consecuencias notables para la segunda. La razón principal es que China ya supone el 4% del producto bruto mundial, medido a tipos de cambio corrientes, esto es, el doble que hace diez años. Esa cifra se eleva al 13%, si se mide el producto en paridad de poder adquisitivo (en tal caso, la parte de Estados Unidos es de 21% y la de la UE asciende al 16%).

Además, nada menos que una cuarta parte del crecimiento económico mundial en los últimos seis años se ha debido a China, frente al 20% atribuible a Estados Unidos y al 14% de la UE.

Por añadidura, China se ha convertido en un factor importante de la aparente recuperación japonesa. En 2003 las exportaciones japonesas a China aumentaron el 33%, mientras que las dirigidas a la UE crecieron el 9% y las orientadas a Estados Unidos cayeron el 10%. La recuperación japonesa (dirigida hasta ahora por las exportaciones) podría verse frenada en seco como consecuencia del enfriamiento de China, a la vista sobre todo de que Japón sigue enfrentándose a dos graves problemas: la apreciación del yen y la persistencia de la deflación.

Por si esto fuese poco, las restantes economías de Asia oriental también han aumentado en los últimos años su dependencia con respecto a China, que absorbe una parte creciente de sus exportaciones. Los países emergentes de Asia fueron responsables del 18% del crecimiento económico mundial en 1995-2002, cifra mayor que la correspondiente a la UE (14%).

Conclusiones: Según un análisis de Morgan Stanley publicado el pasado 12 de abril y firmado por Stephen Roach, “están aumentado las probabilidades de una desaceleración abrupta en la economía china”.

Las razones son que las medidas de enfriamiento adoptadas desde mediados del año pasado parecen no estar surtiendo el efecto esperado, por lo que cabe anticipar medidas adicionales (incluido un eventual incremento de los tipos de interés), y que no cabe descartar una explosión de la “burbuja” inversora, especialmente en el sector inmobiliario.

Si el enfriamiento adopta la forma de un “aterrizaje” abrupto, el crecimiento del PIB chino podría no alcanzar siquiera el 7% previsto por el gobierno (lo que supondría ya una caída de más de dos puntos respecto de la tasa registrada en 2003). En tal caso, los efectos sobre la economía mundial podrían ser significativos: quiebra definitiva de la incipiente recuperación de Japón, menor expansión en el resto de Asia oriental y, por extensión, reducción importante de las previsiones de crecimiento en Estados Unidos y la UE.

Durante los últimos años, China ha ejercido de locomotora de la economía mundial. Si el crecimiento del gigante asiático se frena de manera significativa, la recuperación en Occidente podría verse muy afectada.

Otro de los factores es la unión europea, ya que la mencionamos, dado que influye  de manera significativa y mantiene en constante alerta a la economía de los Estados Unidos.

La integración económica europea está fundamentada en varios objetivos políticos más o menos explícitos que han ido substituyéndose conforme pasaba el tiempo: impedir la reanudación del enfrentamiento bélico sobre el suelo europeo, favorecer la reconstrucción de lo destruido en la Segunda  Guerra Mundial, establecer una barrera al expansionismo soviético, defenderse de la agresividad económica americana, constituirse como tercera potencia económica mundial.

La Unión Europea ha superado ya los tres grados iniciales de integración: área de libre comercio, unión aduanera y mercado común y tiene muy avanzado el proceso de unión económica.

1º Los quince países de la Unión Europea forman un Área de Libre Comercio. Han desaparecido totalmente las barreras cuantitativas y arancelarias para todos los productos, están completamente homogeneizadas las normativas sanitaria y técnica y los trámites administrativos del transporte por lo que no existe ninguna barrera al movimiento interno de bienes y servicios. Los derechos de aduana e industriales quedaron totalmente eliminados el 1 de julio de 1968 entre los seis países entonces miembros de las Comunidades Europeas.

2º Los quince países de la Unión Europea forman una Unión Aduanera. En su comercio externo la CEE aplica, desde 1968, un Arancel o Tarifa Exterior Común (TEC) para todos los bienes industriales, productos agrícolas y servicios producidos en el exterior. La UE mantiene acuerdos comerciales con países no europeos que son especialmente importantes para los países Mediterráneos y los llamados ACP.

3º Los quince países de la Unión Europea forman un Mercado Único que garantiza la libre circulación de capital y personas en los 15 Estados miembros. Los trabajadores pueden ser contratados por las empresas en las mismas condiciones sea cual sea su país de origen. Hay libertad para que los profesionales se establezcan en el país que deseen. Los capitales se mueven libremente.

4º Los doce países que han aceptado el euro como su moneda, han formado una unión monetaria en la que sólo hay una autoridad monetaria y una política monetaria. Los demás países adaptan sus políticas monetarias hacia la convergencia con el euro. Respecto a la política fiscal, estamos muy lejos de la unidad, pero hay una gran coordinación, con normas de disciplina presupuestaria comunes para todos y sistemas fiscales homogéneos.  El presupuesto comunitario aún representa un porcentaje muy pequeño del producto europeo. Hay políticas comunes específicas para la Agricultura, la Pesca y la Industria. La política fiscal tiene unos objetivos de equilibrio social, sectorial y regional instrumentado mediante los Fondos Estructurales y de Cohesión.

El Acta Única Europea de 1986 estableció un calendario para la consecución de determinados objetivos en materia de mercado interior. Entre sus resultados, extraordinariamente positivos, pueden destacarse los siguientes:

1.- La apertura de los contratos públicos, mediante la mejora de las directivas sobre los contratos de obras y suministros, acentuando su transparencia y su control y ampliándolos a importantes sectores hasta entonces excluidos, tales como los transportes, la energía y las telecomunicaciones.

2.- La supresión de las disparidades fiscales, mediante la aproximación de las disposiciones nacionales en materia de fiscalidad indirecta, impuesto sobre el valor añadido (IVA) e impuestos sobre consumos específicos.

3.- La liberalización de los mercados de capitales y de los servicios financieros.

4.- La normalización, mediante el mutuo reconocimiento de textos y certificados nacionales y, en general, mediante el reconocimiento del principio de equivalencia de las normas nacionales, junto a determinadas medidas de armonización en materia de seguridad y de ruidos.

5.- La supresión de los obstáculos técnicos (libre ejercicio de las actividades profesionales y equivalencia de las formaciones) y físicos (controles en las fronteras) a la libre circulación de las personas. Así, por ejemplo, la Directiva adoptada en noviembre de 1997 sobre la profesión de abogado facilita el ejercicio de esta profesión en el conjunto de la Unión Europea.

6.- La creación de un marco favorable a la cooperación industrial mediante la armonización del Derecho de sociedades y la aproximación de las legislaciones en materia de propiedad intelectual e industrial (marcas y patentes).

7.- La liberalización de los servicios (telecomunicaciones, energía, etc.), que representan más del 70% del PIB de la Unión Europea.

Esto sin considerar las muy complejas condiciones económicas del gigante económico y militar de los Estados Unidos y que de una u otra manera tendrá que dar su aportación dentro de este esquema de aparente colapso.

dejemos atrás las condiciones y esquemas que para nosotros son casi utópicas al regresara a México, otro de nuestros problemas es el que carecemos de información confiable, y mas aun, que nos de parámetros simples de medición, con lo que se permita a la comunidad irse involucrando en los actos de la política y de la economía nacional, por lo pronto seria importante difundir en forma metódica, sistemática y simple algunas cifras que nos otorgue el ir formando criterios, por lo que propongo, a reserva de mejorarlo, lo siguiente:

Seria un ejercicio interesante y es posible un poco ocioso, el ver el PIB en términos deflaciónados y comparar contra el inicio y fin de cada sexenio desde 1950 a la fecha. Con valores en dólares.

Así mismo ver la población total vs. La población económicamente activa, pero que esta ultima sea la registrada con seguridad social en salud (IMSS e ISSSTE) al igual con los mismos periodos antes descritos.

El presupuesto deflaciónado y comparado con base a 1950 y presupuesto de partidos bajo la misma regla.

Participación en la economía de la agricultura, la ganadería, la pesca, la industria en general y la construcción sobre el PIB desde 1950, esto debe ser sobre valores absolutos históricos. Y en términos de dólares con la misma regla.

De la balanza comercial deflacionar o manejar en termino de dólares las importaciones y exportaciones dividiendo por los mismos sectores antes mencionados y también desde 1950.

En recientes fechas se vio que el Congreso de la unión en México cambio una serie de partidas del presupuesto presentado por el Ejecutivo, las partidas mencionadas en un principio, que fueron recortadas fueron las relativas a la desaparición de recursos a un fideicomiso que sirvió de

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Publicado por mejoracontinua a las 5:41 | 0 Comentarios | Enviar
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